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Cuando el fondo marino guarda el archivo: los pecios del Atlántico español como documentos históricos

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Cuando el fondo marino guarda el archivo: los pecios del Atlántico español como documentos históricos

Photo: underwater shipwreck archaeology diver exploring sunken wooden ship, via thumbs.dreamstime.com

El océano Atlántico que baña las costas españolas es, a todos los efectos, una biblioteca sumergida. Cada pecio —del galeón que zarpó de Cádiz hacia las Indias al mercante que naufragó en plena posguerra— constituye un documento de primera mano que ningún archivo terrestre puede igualar. En Proyecto Atlántida hemos revisado el estado actual del conocimiento sobre estos yacimientos y las investigaciones que hoy intentan descifrarlos.

Un corredor marítimo de cinco siglos

La posición de España entre dos continentes convirtió sus aguas en una autopista naval desde el siglo XVI. La Carrera de Indias, con salida desde Sevilla primero y Cádiz después, dejó a su paso una estela de naufragios por motivaciones diversas: temporales, corsarios, errores de navegación. Andalucía concentra una parte notable de estos episodios, con pecios documentados frente a Huelva y Cádiz que aún conservan estructuras de madera, lastre y restos de su carga.

Más al norte, la Costa da Morte gallega merece un capítulo propio. Su reputación de cementerio de barcos no es una licencia literaria: la combinación de rías, bancos de niebla y vientos del suroeste ha provocado naufragios documentados desde al menos el siglo XIV. Y en el archipiélago canario, punto de escala obligada en las rutas transoceánicas, el fondo marino conserva testimonios de comercio atlántico que abarcan del período colonial al contemporáneo.

Leer un pecio como se lee un texto

Para el arqueólogo submarino, un naufragio no es un tesoro: es un estrato histórico congelado en el momento del hundimiento. La orientación del casco revela cómo se produjo el impacto; la disposición de la artillería, si la tripulación intentó defenderse; la carga, qué rutas comerciales y qué economías sostenía el buque.

Técnicas como la fotogrametría tridimensional permiten hoy levantar planos métricos de yacimientos enteros sin apenas intervenir en ellos. Los sondeos geofísicos —sonar de barrido lateral, magnetometría, subbottom profiler— detectan estructuras enterradas bajo el sedimento. Cada dato se contrasta con fuentes documentales: registros de matrícula, pólizas de seguro, diarios de navegación. Es ese cruce entre lo material y lo archivístico lo que convierte un montón de madera y hierro en un relato verificable.

Tres escenarios, tres problemáticas

En Galicia, la investigación se ha centrado en buena medida en pecios de los siglos XIX y XX, con el añadido de un problema moderno: la contaminación por hidrocarburos de buques hundidos durante la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, cuyo estudio ha abierto una línea de trabajo denominada arqueología de los conflictos contemporáneos.

En Canarias, el carácter de puerto de escala ha dejado un registro especialmente variado, y varios yacimientos están protegidos como zonas de dominio público marítimo-terrestre con acceso regulado.

En Andalucía, la proximidad de la ruta de Indias y la densidad del tráfico histórico hacen de sus aguas una de las áreas con mayor potencial arqueológico del Atlántico ibérico, aunque también de las más expuestas al expolio y al arrastre de pesca de fondo, dos de las grandes amenazas del patrimonio sumergido.

Proyectos en marcha

Varias líneas de trabajo activas merecen seguimiento. Los centros dependientes del Ministerio de Cultura, en coordinación con las comunidades autónomas, mantienen campañas de prospección y documentación periódicas. En paralelo, grupos universitarios desarrollan proyectos de cartografía del patrimonio naval sumergido, y la Armada colabora en la protección de yacimientos mediante patrullas y control de inmersiones no autorizadas.

El marco legal es claro: los pecios con más de cien años, y en general todo el patrimonio arqueológico subacuático, es bienes de dominio público que no pueden ser apropiados ni comercializados. La Convención de la UNESCO de 2001, de la que España es impulsora, establece además que deben conservarse in situ siempre que sea posible.

Un archivo que exige lectores

El Atlántico español conserva una muestra incomparable de la historia marítima europea, pero es un archivo frágil: la corrosión, los sedimentos móviles y la actividad humana avanzan más deprisa que muchas campañas de excavación. Documentar, proteger y difundir es la tríada sobre la que se sustenta el trabajo actual. En próximos reportajes profundizaremos en yacimientos concretos y en cómo la ciudadanía puede contribuir, de forma legal y responsable, a su conocimiento.

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