Sumergidos en la historia: cinco tesoros arqueológicos del Mediterráneo español que puedes explorar
Photo: NOAA - National Oceanic and Atmospheric Administration, Public domain, via Wikimedia Commons
España atesora uno de los patrimonios arqueológicos subacuáticos más ricos del Mediterráneo: tres mil kilómetros de costa que fueron autopista comercial para fenicios, griegos, cartagineses y romanos. Cada naufragio es una cápsula del tiempo, y cada fondeadero, un archivo. Esta guía recorre cinco sitios donde la historia no solo se estudia: se puede visitar, con matices que conviene conocer.
1. Baelo Claudia y la isla de Las Palomas (Cádiz)
A los pies de Bolonia, en el Parque Natural del Estrecho, la ciudad romana de Baelo Claudia vivía de la fabricación de garum, el célebre salsa de pescado exportada a todo el Imperio. Parte de su infraestructura portuaria y de su entorno sumergido en la ensenada de Bolonia y la cercana isla de Las Palomas sigue siendo objeto de prospecciones.
Cómo visitarlo: el conjunto arqueológico terrestre, con su teatro y sus factorías, es de visita imprescindible y cuenta con centro de interpretación. El acceso subacuático a los entornos protegidos requiere autorización de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, por lo que la vía realista para la mayoría es la combinación de museo, miradores y buceo recreativo en zonas habilitadas del estrecho.
2. El pecio de la Escombrera: los buques hundidos de Cartagena
La bahía de Cartagena y sus aguas circundantes concentran siglos de navegación militar y comercial. Junto a los célebres pecios fenicios de Mazarrón —dos embarcaciones de los siglos VIII y VII a. C., halladas en 1988 y 1995, cuyos restos se exhiben en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA)—, el litoral murciano conserva pecios romanos de carga de ánforas y restos de épocas más recientes.
Cómo visitarlo: el ARQUA, en Cartagena, es la puerta de entrada perfecta: alberga la réplica del Mazarrón 2 y miles de piezas recuperadas del Mediterráneo. Para buceadores titulados, varios centros locales organizan inmersiones en pecios de la zona con guías especializados.
3. El fondeadero de ses Salines (Ibiza y Formentera)
El canal entre Ibiza y Formentera fue durante la Antigüedad una ruta obligada hacia Baleares. Sus fondos, hoy protegidos por el Parque Natural de ses Salines, han entregado ánforas, anclas romanas y restos de naufragios que documentan el comercio del vino y la salazón.
Cómo visitarlo: el Museo de Arqueología de Ibiza y Formentera expone buena parte de los materiales recuperados. El buceo en el parque natural está regulado: existen puntos autorizados donde se puede practicar con centros registrados, aunque los elementos arqueológicos deben dejarse intactos y, en caso de avistamiento, comunicarse a las autoridades.
4. El pecio romano de Cabrera (Baleares)
El archipiélago de Cabrera, al sur de Mallorca, esparce por sus fondos al menos quince pecios documentados, entre ellos un cargamento de ánforas de vino itálicas de los siglos I-II d. C. que naufragó en ruta hacia el limes del Rin. Las campañas de cartografía arqueológica del Centro de Arqueología Subacuática (CAS) de las Islas Baleares han convertido estas aguas en un laboratorio de referencia.
Cómo visitarlo: el archipiélago es Parque Nacional marítimo-terrestre y el buceo requiere autorización previa de la Administración del parque, con cupos limitados. La alternativa accesible para todos: las visitas guiadas del barco que conecta Colònia de Sant Jordi con Cabrera, donde los guías explican la historia subacuática de las islas.
5. El fondeadero de Cala Sant Vicenç y la ruta comercial balear (Mallorca)
En el norte de Mallorca, las calas de Pollença y Sant Vicenç han proporcionado anclas de plomo, cerámicas y restos de carga que delatan la intensidad del tráfico marítimo entre Hispania, Italia y África. Son yacimientos de fondeadero: no ciudades hundidas, sino puntos donde las naves reparaban, reabastecían y, a veces, perdían todo.
Cómo visitarlo: el Museo de Mallorca y los centros de interpretación costeros contextualizan estos hallazgos. La inmersión recreativa en la zona es posible mediante centros autorizados, y para quienes prefieran no mojarse, la cartografía arqueológica publicada por el CAS permite explorar estos fondos en línea.
Una advertencia necesaria
El patrimonio sumergido español está protegido por la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español y por la Convención de la UNESCO de 2001. Extraer piezas, bucear en yacimientos protegidos sin permiso o vender restos constituye un delito. La regla de oro del arqueólogo submarino vale para todos: fotografía, documenta y no toques.
Estos cinco destinos demuestran que no hace falta imaginar ciudades perdidas para emocionarse con el pasado marítimo de España. En cada ánfora, en cada ancla de plomo, hay una historia verificable que el mar conservó durante siglos —y que ahora nos corresponde proteger.