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Escuchar el estrecho: la bioacústica que retrata la migración de las ballenas junto a Tarifa

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Escuchar el estrecho: la bioacústica que retrata la migración de las ballenas junto a Tarifa

Photo: Hannes Grobe 09:30, 23 June 2007 (UTC), Alfred Wegener Institute for Polar and Marine Research, Bremerhaven, Germany, CC BY-SA 2.5, via Wikimedia Commons

A pocos metros de la orilla de Tarifa, donde la arena arrastrada por el viento de levante golpea con fuerza, ocurre algo que no se percibe a simple vista. Bajo la superficie del estrecho de Gibraltar, uno de los corredores marítimos más transitados del planeta, circula también un flujo silencioso de ballenas y delfines que conectan dos mares. Desde hace años, equipos de investigación han aprendido a escucharlos mediante hidrófonos sumergidos, transformando el sonido en datos y los datos en conocimiento para su protección.

Un observatorio bajo la superficie

La bioacústica marina se basa en una premisa sencilla: gran parte de la vida del océano emite sonido. Los odontocetos, como los delfines mulares y los calderones, utilizan clics y silbidos para orientarse y cazar mediante ecolocalización. Las místicas, entre ellas la ballena fin, la segunda más grande del planeta, producen llamadas graves que pueden recorrer decenas de kilómetros.

Los hidrófonos instalados en el estrecho registran estas señales de forma continua. Equipos de institutos de investigación españoles y grupos vinculados a la conservación marina analizan después las grabaciones, a veces con ayuda de algoritmos capaces de identificar automáticamente las firmas acústicas de cada especie. El resultado es un calendario sonoro de la migración: qué días pasan los rorcuales, en qué momentos los delfines comunes se acercan en grandes grupos, cuándo aparecen los cachalotes que buscan calamar en las profundidades del canal.

Unos viajeros que no aparecen en los mapas turísticos

Aunque la ruta de ferry entre Tarifa y Tánger concentra la atención de los visitantes, el catálogo de cetáceos que atraviesa o habita el estrecho es notablemente amplio. Además del delfín común y el mular, se documentan delfines listados, calderones tropicales, cachalotes y, de forma más esporádica, rorcuales comunes y orcas que siguen a las migraciones de atún rojo, un fenómeno que los pescadores de la zona conocen desde hace generaciones.

Cada registro acústico de una de estas especies aporta información valiosa: rutas utilizadas, épocas de mayor actividad, zonas de alimentación. En un corredor tan estrecho y con un tráfico marítimo tan intenso, saber dónde están los animales es el primer paso para evitar colisiones y reducir las perturbaciones.

El ruido como amenaza invisible

El mismo canal que usan las ballenas lo recorren miles de buques mercantes cada año. El ruido de hélices y motores se propaga bajo el agua con una eficiencia que sorprende a quienes lo escuchan por primera vez en una grabación: sobre el canto de una ballena fin puede solaparse el zumbido continuo de un portacontenedores a varios kilómetros de distancia.

Para los cetáceos, ese ruido no es un simple inconveniente. Enmascara sus llamadas de comunicación, obliga a los delfines a aumentar el esfuerzo de su ecolocalización y, en los casos más extremos, provoca desplazamientos de las áreas de alimentación. La investigación bioacústica permite cuantificar el problema y ofrecer a las autoridades marítimas propuestas concretas, como ajustar rutas o reducir la velocidad en tramos sensibles durante la migración.

Ciencia colaborativa: la escucha se comparte

Uno de los desarrollos más prometedores de la última década es la participación ciudadana en estos programas. Proyectos de ciencia colaborativa en el litoral andaluz invitan a voluntarios a colaborar en la identificación de sonidos, a reportar avistamientos desde tierra —los miradores de Tarifa y la costa de La Luz son puntos privilegiados— y a divulgar buenas prácticas entre la comunidad náutica recreativa.

Para quien quiera dar un paso más, existen iniciativas de formación en identificación de cetáceos y campañas de seguimiento organizadas por entidades conservacionistas que trabajan en el área del estrecho. No se necesita ser biólogo: se requiere paciencia, método y la disposición de contribuir con datos fiables a un esfuerzo colectivo.

Lo que el sonido revela y la vista no alcanza

El mar es, en gran medida, un territorio opaco para nosotros. La acústica ofrece una ventana continua, barata y no invasiva hacia ese mundo. Cada hidrófono sumergido frente a Tarifa no es solo un instrumento de medición: es la evidencia de que la investigación puede adelantarse a los problemas, aportando el conocimiento necesario para que la convivencia entre el tráfico marítimo y la megafauna marina no sea una quimera.

En Proyecto Atlántida seguiremos siguiendo el trabajo de los equipos que escuchan el estrecho, porque entender el Atlántico que no vemos es, en el fondo, la mejor manera de protegerlo.

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